Sobre el nuevo período genocéntrico


El camino que abrió Darwin nos ha conducido a la sustancia genética (al ADN). Este descubrimiento nos hace pasar (a todos los grupos humanos) del fenocentrismo al genocentrismo. El centro se ha desplazado de la criatura al creador (de los fenotipos a los genotipos). La sustancia genética es la única sustancia viviente (‘viva’) en este planeta. Nosotros, pues, no podemos ser sino sustancia genética. Esta ‘revelación’ (esta
auto-gnosis) ha partido en dos nuestra historia sobre la tierra. Todo el pasado cultural de los humanos ha resultado arruinado, vacío, nulo... La ilusión antropocéntrica que nos ha acompañado durante miles de años se ha desvanecido. Se ha producido una mutación simbólica (en orden al conocimiento y a la conciencia de sí como sustancia viviente única); el cariotipo humano entra en un nuevo período de su devenir.

Esta aurora, este nuevo día cuyo comienzo presenciamos, alcanzará en su momento a todos los pueblos de la tierra. Pueblos, culturas, tradiciones, creencias… todo lo ‘humano’ desaparecerá. Viene una luz (un saber, una sabiduría) tan devastadora como regeneradora. Esta regeneración del cariotipo humano en el orden simbólico tendrá sus consecuencias. En un futuro no muy lejano hablaremos, pensaremos, y actuaremos, no como humanos sino como sustancia viviente única.

No hay filósofos aún, ni poetas, ni músicos, ni científicos… para este período genocéntrico que inauguramos. No hay nada aún para las nuevas criaturas, para la sustancia viviente única –en
esta nueva fase de su devenir. Nos queda la elaboración de una cultura, de un ‘mundo’ nuevo (digno de la naturaleza de nuestro regenerado, de nuestro recuperado ser). Queda todo por hacer.

jueves, 18 de octubre de 2018

175) Genocentrismo XXVII


Genocentrismo XXVII.


Manu Rodríguez. Desde Gaiia (18/10/18).

 

*

 

*Los fundamentos ‘materialistas’ del reduccionismo marxista nos dicen que las superestructuras ideológicas de una sociedad tan solo reflejan su estructura económica (las clases); que las ideologías de una sociedad (económicas, culturales, políticas y demás) las impone la clase dominante, y que no tienen otra intención que mantener el estado de cosas –la división del trabajo, las clases sociales, la jerarquía social…
El sistema de producción daría como resultado un determinado tipo de ser humano, cambiando el sistema de producción tendríamos otro ser humano. Las bases económicas de una sociedad, pues, son la clave del comportamiento humano, y el cambio de las bases económicas de tal sociedad cambiará el comportamiento general de sus integrantes.
Debería estar claro que lo que mueve a los ‘revolucionarios’ marxistas son ideas, que lo que precede a cualquier revolución de origen marxista son ideas. En este sentido podríamos definirlos como hiper-idealistas o hiper-hegelianos.
Lo que cambió la visión que los seres humanos tenían de sí mismos en el XVII, por ejemplo, fue el paso del geocentrismo al heliocentrismo. Fue el descubrimiento cierto, la constatación material de que la tierra no era el centro del universo, y que el lugar del hombre en el cosmos era poco menos que insignificante. Este conocimiento produjo algunos cambios en nuestra filosofía, nuestra literatura, nuestras artes, nuestras ‘ideologías’. Las culturas, antropocéntricas, del neolítico comenzaron a resquebrajarse.
Lo que vuelve a dar otro giro (a revolucionar) a la visión que los hombres tienen acerca de sí mismos es el relativamente reciente descubrimiento de los ácidos nucleicos y su papel en las cosas de la vida, esto es, la constatación de que todos los fenómenos biológicos giran en torno a la sustancia genética; que los cuerpos, los somas, los organismos son superestructuras orgánicas elaboradas, generadas, construidas… creadas por la sustancia genética; que el único sujeto de los fenómenos biológicos es la sustancia genética.
Lo que se espera de la revelación de la sustancia genética, y su papel protagonista en todos los fenómenos biológicos, es que el comportamiento de los humanos se adecue a esta nueva revelación; que esto se note en todas las areas de nuestro comportamiento –la filosofía, la literatura, la política, la pedagogía, el sistema de producción..., esto es, en toda nuestra cultura.
Las ciencias de la vida, por desgracia, no han conseguido cambiar  nuestro comportamiento antropocéntrico.  No lo consiguió el heliocentrismo tampoco. A pesar de los cambios culturales que se produjeron desde entonces.
El materialismo marxista es deudor de las ideologías antropocéntricas del neolítico. El cambio del sistema de producción, o de las bases económicas de una sociedad, no trae de suyo el cambio en el comportamiento de sus integrantes. Crea, sí, otro ser humano, pero por decreto. La ideología precede a la configuración de este ‘nuevo’ hombre. Éste no es el resultado de las ‘nuevas’ circunstancias ‘materiales’, sino de ciertas ‘ideas’. Tenemos como prueba de esto todos los experimentos sociales en la antigua URSS, o en la China de Mao. Así como en la antigüedad las ideologías religiosas (judaísmo, cristianismo, islamismo, confucionismo, hinduismo, budismo…) marcaban el comportamiento de los grupos humanos, ahora tenemos las ideologías políticas cumpliendo la misma función (democracia, comunismo, anarquismo…). Los humanos siguen comportándose según ciertas ideologías, y a sí mismos se definen, en el orden social, como cristianos, como demócratas, o como comunistas. Nada ha cambiado.
Ni el heliocentrismo ni el genocentrismo han contribuido sustancialmente a un cambio radical en el comportamiento de los humanos, ni individual ni colectivamente. Seguimos atrapados en ideologías del neolítico (religiosas o políticas). Seguimos sin ‘ver’ lo esencial.
La ‘visión’ es la que precede a todo cambio. La visión, el conocimiento. El que tenemos hoy día, por ejemplo, acerca de las relaciones en la biosfera. La visión nueva que nos proporciona el conjunto de las ciencias de la vida –la genómica, la ecología…
Vivimos ya en otro mundo, ciertamente, nuestro mundo es otro. Los mundos, las culturas del neolítico, se han desvanecido. No tienen nada que ver con nuestros conocimientos actuales. No nos dicen.
Los cambios vendrán cuando los grupos humanos asuman los nuevos conocimientos y se dispongan a actuar en consecuencia. Estos cambios afectarán a las relaciones que sostenemos con otros seres vivos, con otros seres humanos, con el planeta tierra, con el sistema solar… Cambiará necesariamente la consideración en que nos tenemos, y las relaciones que sostenemos con todo nuestro entorno, el viviente y el no viviente.
Primero, pues, la ‘visión’. Ni los modos de producción, ni las ‘ideas’, sino el conocimiento cierto, el saber cierto acerca de nuestra condición, de nuestras circunstancias… Sólo entonces vendrá el cambio de vida. Primero el ver claro, el conocimiento, el saber.
Nuestro caso es similar al del enfermo al que se le diagnostica una determinada enfermedad cuyo remedio fundamental es un cambio de vida (de dieta, de hábitos...). Nosotros estamos enfermos de antropocentrismo, estamos poseídos por la ilusión antropocéntrica. Nuestro mal es la confusión, la ignorancia, las ideas o creencias acerca de nuestro ser que nos vienen del pasado neolítico. Son ciertos hábitos y ciertas dietas culturales las que nos confunden, nos detienen, nos hacen daño (a nosotros y a todo nuestro entorno); nos enferman, en último término.
La ficción, la ilusión antropocéntrica. La des-ilusión, el des-encanto, y la salud, nos vendrán del conocimiento nuevo que nos trae las ciencias de la vida. Éste nos pondrá en el verdadero lugar que como seres vivos ocupamos en el planeta, en el sistema solar, en el cosmos… Aún no somos el ser que somos. Otros seres ocupan nuestro lugar. Numerosos ‘homos’ usurpan nuestro lugar. Y nos destierran, nos sotierran, nos alienan. Recuperar la voz, el lugar, el ser… Nos, la vida.
*Cognición (percepción, apercepción…) y comunicación. En todos los niveles de la vida.
*Los cambios epigenéticos en la expresión son provisionales y reversibles. Estos se producen en función de las condiciones medioambientales. Son las circunstancias físico-químicas en los momentos de la expresión (en el proceso embrionario) las que obligan a modificar (silenciar, activar…) la expresión de ciertos genes. La expresión del genoma (la construcción del fenotipo) no es, pues, inalterable –sean cuales sean las circunstancias medioambientales.
Las modificaciones epigenéticas se producen una vez que el genoma ha recibido información del ‘exterior’. Se trata de adaptaciones eventuales a los cambios del entorno. Si las condiciones que obligaron a modificar la expresión de ciertos genes desaparecen, la expresión genética vuelve a la normalidad.
Podríamos relacionar los procesos epigenéticos con los procesos exposomáticos. En los procesos exposomáticos pueden producirse cambios en los genomas (genotipos) a tenor de las interacciones del organismo con el medio ambiente (hábitos –alimenticios y otros–, contaminación ambiental…). Las alteraciones exposomáticas pueden terminar afectando a la integridad o a la salud de los fenotipos.
Ni la epigénesis ni la exposomática alteran la primacía que tiene la sustancia genética en los fenómenos biológicos. Es la sustancia genética (tanto en la línea germinal, como en la somática) la que en primer lugar y en todo momento responde a las circunstancias –sea en el proceso embrionario, sea en el cuerpo en exposición.
La sustancia genética es la única sustancia viviente en este planeta, y me atrevo a decir en todo el cosmos. Es el principio, el comienzo, el ‘arkhé’, la ‘cosa en sí’ (un ‘noúmeno’ sensible, perceptible, material), el alma (la ‘psykhé’ aristotélica) de todos los fenómenos biológicos. Lo único vivo en los organismos. No hay otro ser viviente. El ‘genoúmeno’. 
Las sustancias no nucleicas que operan en los procesos de expresión, replicación y demás, son sustancias previamente ordenadas y puestas en circulación por el propio genoma.
Sea cual sea la cantidad de sustancias y procesos implicados en la expresión genética (la construcción del fenotipo), siempre es la sustancia genética (los ácidos nucleicos) la que dirige, la que decide… 
*Las células germinales haploides en los organismos sexuados, la línea germinal. La emigración al otro soma, al otro sexo, en busca de la otra mitad. La generación; la regeneración.
*El genocentrismo es el futuro. La totalidad de la sustancia genética en el planeta (el hologenoma del planeta). La mónada de las mónadas. Lo Uno primordial.
Una nueva monadología. Mónadas simples, mónadas complejas. El holobionte, el hologenoma de los organismos (mónadas) complejos –el metagenoma. La mónada de mónadas en el organismo complejo. La cifra genética compleja que rige en los organismos complejos. En cualquier caso, la misma sustancia genética (tanto en la línea germinal como en la somática)
Mónada de mónadas la sustancia genética en el planeta, y en mí mismo. Yo mismo ser complejo, ‘yo’ de ‘yoes’. Un ‘nos’; un pequeño ‘uno’.
La unión misteriosa con el gran Uno. La experiencia sublime.
El viviente. El eterno. La sustancia viviente única –virtualmente imperecedera. El Uno. No hay otro. Él mismo es su otro.
El Uno escindido, repartido en sus criaturas. Multiplicado, extenso. Fragmentos del Uno, eso somos.
*Las ciencias de la vida deben girar en torno al Uno, en torno a la sustancia viviente única. En ella hallarán todas las respuestas –en  lo que a la vida concierne.
La historia de la vida. La escuela de la vida. La experiencia de la vida. La sabiduría de la vida. Sabiduría acumulada. Son varios miles de millones de años; varios eones.
La sustancia genética es sabiduría encarnada en su propio ser. La materia viviente, inteligente, volente, experimentada, sapiente… En su propia naturaleza, en su propia ‘carne’, en su propio ser.
La materia viviente se expresa en sus propios términos, extrae de sí… Su propio ser contiene su saber, su poder...
Lo que sabe, lo que puede, lo que es… Ser-saber-poder… Una sola cosa inseparable; inescindible. No es lo uno sin lo otro.
*Cuanto más sepamos de la sustancia genética, más sabremos acerca de nosotros mismos. Pues nosotros somos la misma sustancia genética. No hay otra sustancia viviente.
La genómica, la ciencia del genoma. Los modos y maneras de ser de la sustancia viviente única, de Nos. Auto-conocimiento.
*Un futuro otro nos espera. Una humanidad renacida al Uno. Una humanidad ‘una’. Una con lo viviente, con la biosfera, con el cosmos… con todo.
Un futuro post-humano, post-antropocéntrico. Más allá de la especie. Un futuro centrado en la vida; que mira desde la vida. Una perspectiva otra; un mundo otro. Un mundo por crear, por establecer, por habitar… Un mundo otro, un mundo nuevo.
Los renacidos al Uno, las primicias, la vanguardia del futuro. Los creadores del mañana.
*Un sujeto universal, y único. Un único personaje, un único actor.
La sustancia viviente única consigo misma compite y consigo misma coopera.
Las especies, los individuos… máscaras del Uno.
El Uno alberga todos los comportamientos que nos es dable contemplar en lo seres vivos. El amor y el odio, el deseo y el temor, la fuerza y la debilidad, la alegría y la tristeza, el egoísmo y el altruismo, lo abyecto y lo sublime…
Es el Uno en todo momento el que siente, el que padece, el que ama y el que odia, el que sufre y el que goza… No hay otro.
Nosotros somos fragmentos del Uno.
El acervo génico del planeta, el ‘pool’ génico único. El hologenoma del planeta; el metagenoma, el pan-genoma. Sustancia genética recibida, transferida, compartida… por todos los seres vivos del planeta. Sustancia viviente virtualmente imperecedera.
Un único ser. El ser viviente único. En todos y cada uno de nosotros.
El genoma de cada uno de los vivientes es un mosaico de material genético que  compartimos con todas las criaturas de la tierra. Virus, bacterias, protistas, plantas, hongos, animales… Las máscaras, los vehículos… de la sustancia viviente única.
No hay interactores, no hay sino un único actor.
Una única obra –la obra de la vida; y un único actor. Los organismos, los somas, los diferentes fenotipos, como obras, como creaciones de la sustancia viviente única.
Este planeta que habitamos, y el entero cosmos, son el escenario en el que se despliega la obra de la vida.
El cariotipo específico humano, el (de momento) vértice de la evolución,  es una muestra del carácter contradictorio, ambiguo, ambivalente… del Uno. Es un fragmento del ser viviente único.
La guerra y la paz; la concordia y la discordia…
La unidad originaria de la vida, el fundamento, el ser…
La vida única que somos; el ser único que somos. Nos, la vida. Nos, el ser. Nos, lo Uno primordial (Ur-eine).
*El par naturaleza-cultura, el  par voluntad-representación, el par Dioniso-Apolo… El Uno primordial y el ‘principio individuationis’… 
El ser natural y el ser cultural –simbólico. 
Más allá del ser cultural y del ser individual… hacia el Uno primordial. Nuestro ser cultural contingente, histórico (las ficciones culturales), y nuestro ser individual nos alejan o nos ocultan nuestra pertenencia al Uno primordial –lo único existente (en lo que concierne a la vida).
Con el Uno primordial no hablamos sino de la vida. Sin duda que pertenecemos, somos parte del cosmos, pero la materia viviente tiene conciencia de sí. Es la conciencia de sí del universo mundo, del cosmos, del gran Uno. Podríamos hablar del Uno viviente primordial, y del Gran Uno.
La naturaleza viviente se distingue, pero no se opone a la naturaleza no viviente, sino que forma parte de ella –del gran todo.
Un cosmos viviente, que alberga vida. La materia cósmica –viviente y no viviente.
La materia viviente a sí misma se piensa, se conoce, se sabe, se vive, se habla… se siente vivir, se siente ser.
Uno con la vida, uno con el cosmos. La experiencia de la unidad y de la totalidad; de la co-pertenencia, de nuestra esencia común, de nuestra identidad única.
Más allá de la individualidad, de la cultura, de la historia, del tiempo, del espacio… Disolución de la individualidad, del yo cultural…
Las ficciones, los artificios culturales –las falsas identidades (nacionales, culturales, étnicas…). Todo lo superpuesto a nuestro ser natural y único –lo  eventual, lo circunstancial,  lo histórico…  Todo lo que nos distrae de nuestra identidad primordial.
La desnudez. Despojarnos de todo.
Al cariotipo humano le es dable tener la experiencia de la unidad esencial de todo lo viviente –la experiencia dionisíaca.
Nosotros somos la sustancia viviente única; nosotros somos el ser viviente único.
La sustancia genética del planeta, la sustancia viviente única. Las especies, los organismos, las criaturas… no son más que máscaras del ser único y primordial.
Lo Uno primordial escindido, fragmentado, repartido en sus criaturas. El dolor de la escisión, de la separación… de la individuación. El camino de vuelta, de retorno a lo Uno. El goce, la alegría que sobreviene tras la experiencia misteriosa, tras el instante de la unión.
Desaparece el yo lingüístico-cultural; el ser simbólico se disuelve, se volatiliza…   Y adviene el Uno primordial, el único existente. Éste es ahora el único ‘yo’, el único ‘sujeto’.
*El conocimiento que hoy poseemos acerca de la naturaleza de lo viviente nos acerca definitivamente a nuestra esencia, nos pone frente a frente con nuestro ser. La difusión de este conocimiento cierto cambiará la faz del planeta, nuestras culturas y civilizaciones serán otras.
Más allá de los individuos y de las especies. Criaturas nuevas seremos, criaturas renovadas nunca antes vistas en este planeta. 
Las viejas culturas antropocéntricas desaparecerán. Crearemos nuevas culturas a la altura del saber recién adquirido. Seremos otros. Por primera vez estableceremos culturas fundamentadas en el ser viviente único. Todo cambiará.
Entonces seremos conscientes de que es el ser viviente único, lo Uno primordial, la sustancia viviente única, el/la/lo único que sub-yace (el/la/lo sujeto único) en nuestro obrar –para bien y para mal de la vida en este planeta.
*No crean o poetizan los humanos, sino la sustancia viviente única. No hay otro ‘poeta’, otro creador.
Los modos y maneras del ser viviente único. Todo los comportamientos que advertimos en la naturaleza viviente son manifestaciones de lo Uno primordial.
No hay otro sujeto que la sustancia viviente única. En todo organismo, en toda criatura, en todo ser vivo… No hay otro ‘actante’ tras las máscaras. Es el emisor y es el receptor, el héroe y el oponente, la presa y el depredador… Todas las actitudes, todas las pasiones, todos los ‘personajes’.
*
Hasta la próxima,
Manu

miércoles, 19 de septiembre de 2018

174) Genocentrismo XXVI


Genocentrismo XXVI.


Manu Rodríguez. Desde Gaiia (19/09/18).

 

*

 
 

 *La sustancia genética es el motor de la evolución. La evolución cobra sentido a la luz de la sustancia genética. Todas las ramas de las ciencias de la vida cobran sentido a la luz de la sustancia genética, de la única materia viva.
Ni Weismann ni Dawkins se consideraron a sí mismos como plasma germinal, sino como plasma somático, o como vehículos de los ‘replicadores’.
Nosotros y los genes egoístas. Éste es la absurda conclusión de Dawkins a la luz de tal revelación. Un dualismo en el cual los organismos no parece que tengan nada que ver con la sustancia genética. Incluso llega a proponer la lucha de los ‘hombres’ con la sustancia genética (los genes egoístas). Para poder ser altruistas, dice.
¿Los ‘genes’ como unidades de selección? Es el conjunto de genes, toda la sustancia genética la implicada en los procesos de adaptación, selección y especiación. Todo cambio se produce primero en el plasma germinal. Se trata de una reestructuración del material genético: nuevas funciones, nuevas propiedades, nuevas potencias…
La aparición de nuevas especies en virtud de mutaciones (metaplasmos): las adiciones, las supresiones, las permutaciones… La endosimbiosis: la asimilación, la adición, la adjunción de nuevo material genético.
Los metaplasmos (las mutaciones, las transformaciones en amplio sentido), los cambios –auto-inducidos– en el DNA (en el genoma), a tenor de la ‘lectura’ del medio, según el contexto, las circunstancias… Es la propia sustancia genética la que inicia tales cambios.
La cohorte de sustancias alrededor del plasma germinal. Todas las sustancias implicadas en la reproducción, en la replicación, en la expresión de los fenotipos, del soma, tienen que ver con la sustancia genética. El factor epigenético durante el proceso de expresión.
¿Por qué se excluyeron, o se excluyen, del plasma germinal? ¿Por qué se colocan del lado de los vehículos, o del plasma somático? Justo en el comienzo, en el mismo descubrimiento, está el error. Un principio que nos desvió de nuestra esencia, nos alejó de ella. Se adoptó, y se adopta, la perspectiva fenocéntrica (o antropocéntrica).
El plasma germinal está en todas y cada una de nuestras células, y no sólo en nuestras células sexuales.
Las unidades pasan, pero el plasma germinal permanece. No sólo desaparece el soma, también lo hace la unidad genética (el genoma) que le da vida. Sólo mediante la reproducción o la replicación el plasma germinal se garantiza la ‘eternidad’.
Enderezar el asunto. Resituar al sujeto en la correcta perspectiva, la genocéntrica. Nosotros no somos meros vehículos, o meros somas, sino el mismo plasma germinal, la sustancia viviente única. No hay otra sustancia viviente. No hay otro sujeto.
El genocentrismo es el futuro, no hay duda. A pesar de sus pésimos representantes (Dawkins) y de los agoreros o detractores (Gould, Lewontin…), el genocentrismo triunfará. Tarde o temprano el centro de los fenómenos biológicos lo ocupará  la sustancia viviente única.
Cuando nos situemos en el centro, nuestro lugar, sin reticencias, sin dudas, todo cambiará. Una nueva cultura centrada en la sustancia genética. Una cultura transespecífica incluso. Más allá de las criaturas. Entonces practicaremos un verdadero altruismo, y no sólo el referido a los seres humanos. La completa solidaridad con las cosas de la vida, con todas las formas vivas, con el planeta, con el medio ambiente… con todo.
La unidad sustancial. No hay diferencias. Todas las formas vivas están animadas por la misma sustancia. Estamos en todas partes, en todas las criaturas. La misma sustancia. La sustancia viviente única, virtualmente imperecedera.
Hasta ahora prevalece la perspectiva antropocéntrica –el fenocentrismo. Las críticas al genocentrismo pululan. Seguimos siendo ‘geocéntricos’ en las cosas de la vida. Absolutamente descentrados.
Un planeta para el hombre, salvar a la humanidad… Las dos culturas –ciencias y ‘humanidades’–; la tercera cultura –la fusión de ambas. Las cosas que hay que escuchar. Todas las tonterías que se dicen. Proseguimos nuestra vida apoyándonos en parámetros lingüísticos-culturales procedentes del pasado neolítico. Aún. Confundidos, y confundiendo a las generaciones. Dando vueltas alrededor de las criaturas, de los fenotipos, del ‘hombre’ –la ilusión antropocéntrica (fenocéntrica).
En el holismo biológico la sustancia genética es una más en el concierto de la vida. No tiene ningún papel relevante. Mero notario de los sucesos, incluso (Gould). Me pregunto por qué se combate el genocentrismo.
La humanidad no puede ser desvinculada de su propia biología, pero tampoco está encadenada a ella”. Lewontin, Rose, Kamin (No en nuestros genes. Racismo, genética e ideología). Podemos encontrar enunciados semejantes en Williams  (‘Huxley’s evolution and ethics in sociobiological perspective’, 1988), Dawkins y otros, y referidos a los genes, no a la biología, lo que denota la incoherencia e inconsecuencia de estos, incapaces de llevar a sus últimas consecuencias sus posiciones científicas. No parece que hayan comprendido los fundamentos y el alcance de sus proposiciones al respecto (los ‘genes’ como unidades de selección). 
Los genes y ‘nosotros’. Esa escisión, esa esquicia. Pero, entonces, ¿quiénes somos ‘nosotros’?  Pues nosotros somos los vehículos, está claro. Con ‘nosotros’ se refiere Dawkins a los ‘humanos’, a los sujetos conscientes, culturales, morales… que tienen el poder de enfrentarse a los mandatos crueles y egoístas de los genes. Somos vehículos (o interactores) que pueden independizarse de los genes que nos constituyen. Podemos luchar contra las determinaciones genéticas, emanciparnos de ellas y vivir libremente… Ésta es la gran confusión que arrastramos desde entonces –cuarenta años después de la aparición de ‘los genes egoístas’, y más de cien años después de Weismann. Ni un solo paso hacia el plasma germinal.
Los genes egoístas de Dawkins (y la sociobiología) son más perjudiciales al genocentrismo que sus detractores. La visión pésima, nihilista… que se deriva de estas teorías. ‘Nosotros’ no somos nada, meros vehículos… Ésta es la conclusión, la ‘filosofía’ que subyace en estas visiones. La confusión tal vez sea motivada por las claves culturales pre-darwinianas, en la que aun nos movemos. Claves culturales antropocéntricas  (la mente, la psicología, la sociología…).
Máquinas ciegamente programadas… Dawkins. Ni los genes determinan nuestra conducta, ni somos máquinas programadas, pues nosotros somos los genes.
Pero, ¿cómo es que no nos identificamos desde un principio con la sustancia genética, con el plasma germinal; por qué? 
Si se hubiera empezado, desde Weismann (y otros), en ver la sustancia genética, el plasma germinal, no sólo como el centro de la vida, sino como la única sustancia viviente.
Entre la línea germinal  y la línea somática, se eligió la línea somática. Éste parece ser el comienzo de la confusión. Se prosiguió por el camino de la criatura, de los organismos, de los cuerpos, de las células… Bien lejos de la realidad, pues nosotros somos la sustancia viviente única.
Se cogió el camino equivocado. El que sigue Dawkins (genes contra organismo y viceversa). Un camino que nos aleja más y más de nuestro centro, de nuestra esencia, de nuestro ser único. La perspectiva antropocéntrica (fenocéntrica) heredada.
*Es la misma naturaleza (la sustancia genética, en último término) la que ha introducido la ética en el mundo mediante el cariotipo específico humano.
La sustancia genética es la única sustancia viviente.
El pasado humano apenas si tiene algo que enseñar a la sustancia viviente única; apenas si tiene algo que enseñarnos. No nos vale. No alcanza la realidad, y nos aleja de nuestra realidad, de nuestra verdad.
Comenzar desde el principio, desde la sustancia genética. Desde Nos.
No sólo en nuestros genes, se debería haber concluido. Pues también la cultura modela nuestra ser.
El ser simbólico contra el ser natural desde hace milenios, hasta la biología actual (Dawkins). Los hombres han vivido extrañados del mundo natural, como otra cosa que naturaleza, desde hace milenios.
Debemos emanciparnos de las culturas antropocéntricas del neolítico, de la ‘humanidad’, de los múltiples humanismos –de los ‘hombres’ del pasado. Son esos hombres culturales, relativos, históricos, contingentes… los que nos han alejado de nuestros ser natural, de nuestro único ser.
Pensarnos desde la sustancia genética, como sustancia genética, como sustancia viviente única. Un pensamiento no sólo trans-humano, sino trans-específico. Más allá. Hacia el Uno.
Un plasma germinal único en todas las criaturas. Sin duda que los cuerpos son vehículos, refugios, armas, escudos… Pero nosotros (y el resto de las criaturas) no somos los cuerpos, sino la misma sustancia genética, la sustancia viviente única.
El a priori sobre el que descansa toda la obra de Dawkins (y de quienes están de acuerdo con él) es el egoísmo de los genes. No nos olvidemos que los genes son las unidades de expresión de los genotipos o genomas. No otra cosa. No son agentes (o sujetos), sino expresiones o ‘mensajes’. El egoísmo, pues, tendría que extenderse a toda la sustancia genética, al hologenoma del planeta –al Uno.
Digamos que la sustancia genética se expresa en sus propios términos, extrae de sí. La riqueza expresiva. El saber y el ‘decir’ (el decirse, el expresarse). La sustancia genética, reunidas en genomas o genotipos, se sabe (sabe de sí) y se dice (se expresa). La expresión son los somas, los cuerpos, los fenotipos… pero también las acciones que estos realizan, ejecutan, o llevan a cabo. No hay otro sujeto en el hacer o en el decir de las criaturas que la sustancia genética.
En la sustancia genética no encontramos tan sólo el egoísmo (la voluntad de supervivencia ‘propia’), también encontramos la solidaridad y la cooperación, tanto entre individuos como dentro de grupos o entre estos.
Sucede que los biólogos siempre optan por una de las dos manifestaciones de las conductas. O hay adaptación  o no hay adaptación. O hay egoísmo o hay altruismo… Se polarizan y defienden con uñas y dientes su posición. Pero en la sustancia viviente única encontramos de todo: el egoísmo y el altruismo, la adaptación al medio y la adaptación del medio… Y es por ello que las tesis situadas en uno de los extremos son fácilmente rebatidas, porque siempre encontramos excepciones que hacen imposible la universalización de uno de estos –sea del egoísmo, sea del altruismo.  Porque encontramos lo uno y lo otro.
Parafraseando a Dobzhansky: Nada en la biosfera (y en su evolución) tiene sentido si no es a la luz de la sustancia genética.
La genómica, el saber de sí del propio plasma germinal –de Nos.
Sustancia genética, esto es, ácidos nucleicos, y ribonucleicos. Las biomoléculas –virtualmente imperecederas.
No hay sino sustancia genética. Los organismos no pueden ser unidades de selección toda vez que ellos están conducidos, pilotados por sus respectivos genomas. Los organismos son justamente vehículos de la sustancia genética que les mueve. Así como no aparca el coche o aterriza el avión,  así tampoco el organismo se mueve, es la sustancia genética la que se mueve (mueve su cuerpo, su soma, o su organismo).
A la sustancia genética le interesa que sus máquinas de supervivencia sean todo lo más perfectas posibles (en ello les va la supervivencia, la continuidad en el ser), de la misma manera que nos interesa también que nuestras máquinas sean perfectas en el cumplimiento de su función. Podemos hacer una comparación con la evolución de nuestras máquinas –es la sustancia genética la que hace evolucionar a sus organismos.
Es ciertamente el organismo el que se enfrenta a su medio, o a otros organismos, pero es la sustancia genética la que ha construido tal organismo, y con tales y tales cualidades (resistencia, fiereza, velocidad…). Si falla el organismo falla el cariotipo específico que le mueve.
La evolución de los organismos, así como la aparición de nuevos organismos (especies) ha de compararse con la creación y la evolución de nuestras máquinas (de nuestra entera tecnología).
Somos ‘nosotros’ los que hacemos evolucionar nuestras maquinas por tal y tal motivo. Mejoramos…
Todas las propiedades y características de los organismos son obra de la sustancia genética.
Muller,  el ADN como la base de la vida. En realidad, los ácidos nucleicos y los ribonucleicos.
*Todo parece indicar que la sustancia genética (los ácidos nucleicos y ribonucleicos) cambia y modifica el entorno geofísico y geoquímico (geología, clima, temperatura, atmósfera…), transforma el medio, pero el medio, a su vez, urge la transformación de la sustancia genética (de los genotipos o cariotipos).
Se complican los genomas, los cariotipos específicos (mediante metaplasmos). El renovado plasma germinal mejora o adapta sus vehículos. Las nuevas especies, que nacen adaptadas, podríamos decir, tienen su origen en nuevos genotipos o cariotipos.
Metaplasmos por adjunción de material genético, por sustracción o pérdida, por permutación en el orden de las secuencia… El término ‘mutación’ debería ser sustituido por el término ‘metaplasmo’, o el término ‘mutación’ debería incluir todos los casos (y sus combinaciones) más arriba mencionados –una tabla cartesiana.
Los cambios internos en la conformación de los cariotipos (y genotipos), mediante mutaciones (inducidas o espontaneas) no afectan a la esencia de la sustancia genética. Pese a toda la diversidad de los organismos vivientes (las máquinas de supervivencia), el plasma germinal es uno y el mismo en todos ellos desde su aparición.
El invencible, el irreductible plasma germinal…
El plasma germinal, la única sustancia viviente. Una y la misma en todos los organismos. Ni el tiempo ni el espacio le afectan.
Los organismos (los fenotipos) no son el centro de la vida, sino la sustancia genética. El plasma germinal se transforma (los metaplasmos) y, en virtud de ello, aparecen nuevos ‘vehículos’ (nuevas especies, nuevos fenotipos). No se adaptan los organismos, sino que son adaptados a las circunstancias, al medio…
Una vez más, nosotros no somos los vehículos (o interactores) sino la misma sustancia genética.
*Un pilar fundamental en la evolución de la materia viviente  es la comunicación –la biocomunicacion. El ‘lenguaje’ químico, molecular, que podemos considerar universal –usado por todos los organismos (a nivel celular).
La percepción, la cognición… la comunicación… desde la sustancia genética. En todos los niveles de la vida –virus, bacterias, protoctistas, algas, hongos, organismos pluricelulares…
La semiotización de la naturaleza –la interpretación del entorno. En virtud de esta semiotización la materia viviente ‘sabe’ lo que pasa en el planeta (en la biosfera) en punto a contaminación o alteración de las condiciones de existencia. Sensibilidad para detectar los cambios físico-químicos  en el ambiente.
Contacto directo, sin intermediarios, de la vida con el entorno. Los signos, las señales en la atmósfera, en las aguas, en la tierra… La detección de los cambios. La comunicación, a su vez, la emisión, la difusión de mensajes de peligro que advierten, que avisan… A estas alturas toda la materia viviente del planeta ha de ‘saber’ ya lo que pasa.
La sustancia genética es la única sustancia capaz de percibir el entorno, de adaptarse al entorno, de alterar el entorno… de cambiar, de mutar, de cambiar o de modificarse a sí misma y a su soma, su vehículo…  Nada de esto sería posible sin la biocomunicacion.
*La vida (la materia viviente) es una suma, un sumatorio que integra varios aspectos: la autonomía de movimiento, que implica la palpación, la exploración del entorno; la percepción del entorno; la valoración (la interpretación) de ese entorno; la apercepción, la cognición, la memoria, la intencionalidad, la toma de decisiones; la asimilación, la integración de partes del entorno (viviente y no viviente), que coadyuva al mantenimiento y la reproducción; la evolución; la comunicación…
Un ente, un ser que se mueve por sí, que percibe, que se apercibe de sí, que se reproduce, que evoluciona (muta, cambia, se transforma), que se comunica con otros seres vivos…
 La vida alberga todos los contrarios. Una suerte de oxímoron. Frágil y potente, mutable e inmutable, simple y compleja, fugaz e imperecedera… La armonía inaparente de Heráclito. Cándida noche, sombra clara, alegre tristeza… La vida y la muerte; el ser y el no-ser; el amor y el odio. Adapta y se adapta… Egoísta y altruista… Al mismo tiempo lo uno y lo otro.
*Sustancia genética no estática, sino dinámica, fluida, flexible, versátil, mutable… en devenir. Proteo.
Un permanente flujo de energía, de información, de comunicación, de vida…
La materia viviente proteica, multiforme.
*
Hasta la próxima,
Manu

miércoles, 18 de abril de 2018

173) Genocentrismo XXV


Genocentrismo XXV.


Manu Rodríguez. Desde Gaiia (18/04/18).

 

*

 

*Volviendo al aquí y al ahora. El marxismo como sionismo, y el cristianismo… La ‘intelligentsia’ judía, los intelectuales orgánicos del sionismo. Desde Pablo… Hoy están en todos lados, en todas las ramas de la cultura, también en la cultura de masas, que es en gran medida obra suya. También en las ciencias de la vida se han infiltrado estos intelectuales orgánicos (Boas, Gould, Lewontin…).
Llamo la atención  sobre el hecho de que el grupo étnico más etnocéntrico que ha conocido este planeta (los judíos –el ‘pueblo’ elegido) es el más empeñado en convencer al resto de los pueblos que las diferencias étnicas entre los humanos  no existen. ¿Qué pretenden?
El cristianismo, el marxismo, el psicoanálisis… son instrumentos de alienación y de dominio. Aturden, confunden, hipnotizan a las víctimas. 
La negación de las diferencias étnicas huele a programa genocida. Aquí no  hay ciencia, ni verdad. Hay más política y ambición de dominio en esta negación de las razas o etnias que en la afirmación de éstas. Y no promete nada bueno. Se diría que la intención es la destrucción de esta diversidad, la homologación étnica y cultural de los diferentes grupos humanos. ¿Con qué intención, me pregunto; qué pretenden? Todo parece indicar que cuentan con un programa oculto. Hay que andar con mucho cuidado con las ideas presuntamente científicas de estos sionistas (no digo judíos), sobre todo en las ciencias de la vida.
Atiéndase a las palabras de Lewontin en “Confusions About Human Races” (2006): “…The last fact about genetic differences between groups is that these differences are in the process of breaking down because of the very large amount of migration and intergroup mating that was always true episodically in the history of the human species but is now more widespread than ever. The result is that individuals identified by themselves or others as belonging to one “race,” based on the small number of visible characters used in classical race definitions, are likely to have ancestry that is a mixture of these groups…”
“El último hecho acerca de las diferencias genéticas entre los grupos es que estas diferencias están en proceso de desintegración debido a la gran cantidad de migración y apareamiento inter-grupal que siempre fue ciertamente episódica en la historia de la especie humana, pero ahora está más extendida que nunca. El resultado es que los individuos identificados por ellos mismos o por otros como pertenecientes a una "raza", basados en el pequeño número de caracteres visibles utilizados en las definiciones raciales clásicas, probablemente tengan (lo tendrán, en el futuro) ascendencia que sea una mezcla de estos grupos...” De esto se trata. Éste es el programa oculto. Éste es el futuro que nos tienen preparado.
Por último, estas palabras de Charles Murray in “The Inequality Taboo” (2005): Lewontin’s position, which quickly became a tenet of political correctness, carried with it a potential means of being falsified. If he was correct, then a statistical analysis of genetic markers would not produce clusters corresponding to common racial labels… In the last few years, that test has become feasible, and now we know that Lewontin was wrong. Several analyses have confirmed the genetic reality of group identities going under the label of race or ethnicity. In the most recent, published this year, all but five of the 3,636 subjects fell into the cluster of genetic markers corresponding to their self-identified ethnic group. When a statistical procedure, blind to physical characteristics and working exclusively with genetic information, classifies 99.9 percent of the individuals in a large sample in the same way they classify themselves, it is hard to argue that race is imaginary.
“La posición de Lewontin, que rápidamente se convirtió en un principio de corrección política, llevó consigo un posible medio de ser falsado (probar si una teoría es falsa; término ‘popperiano’). Si estuviera en lo cierto, entonces un análisis estadístico de los marcadores genéticos no produciría racimos (‘clusters’) correspondientes a las etiquetas raciales comunes... En los últimos años, esa prueba se ha hecho factible, y ahora sabemos que Lewontin estaba equivocado. Varios análisis han confirmado la realidad genética de las identidades grupales bajo la etiqueta de raza o etnia. En el más reciente, publicado este año, todos excepto cinco de los 3.636 sujetos cayeron en el grupo de marcadores genéticos correspondientes a su grupo étnico auto-identificado. Cuando un procedimiento estadístico, ciego a las características físicas y que trabaja exclusivamente con información genética, clasifica al 99,9 por ciento de los individuos en una muestra grande de la misma manera que ellos mismos se clasifican, es difícil argumentar que la raza es imaginaria.” (Subrayado mío).
Tanto el ensayo de R. C. Lewontin, como el de Charles Murray, pueden encontrarse fácilmente en internet.
¿Qué sentido tiene, por qué la extinción de los grupos étnico-culturales que promueven los ideólogos sionistas; para qué? Es un claro genocidio a escala planetaria. Un genocidio enmascarado en pseudo-teorías (marxistas, pseudo-científicas), y en el nombre de la ‘humanidad’. En el nombre de la comunidad judía, hay que decir.
De un lado el claro etnocentrismo (el pueblo elegido), del otro lado no cesan de difundir ideologías universales (religiosas y políticas) entre los otros pueblos –ideologías universales transétnicas y transculturales que no les afecta, pues ellos son los únicos que nunca dejan de ser lo que son (étnica y culturalmente). Los otros dejan de ser lo que son (étnica y culturalmente) para convertirse en cristianos, o marxistas. Huelen mal estos mesianismos. El marxismo, la dialéctica materialista, es un instrumento, un cebo y un cepo…
Es notorio el cómo han transformado la cotidianidad de los pueblos blancos; sus raíces culturales (desde la cristianización hasta la actual proletarización en marcha). Su poder mediático (medios de comunicación), la industria del ocio (cine, documentales históricos, series de televisión…). Véase el caso de los EEUU: política, filosofía, economía, pintura, música… costumbres de todo tipo. Dirigen nuestra cotidianidad más allá de toda medida. La enrarecida atmósfera etno-cultural que vivimos lleva la marca judía (en amplio sentido).
*En lugar del término ‘raza’, aplicado a los seres humanos, podríamos usar términos como ‘subespecie’ o ‘subtipo’, y estos deberían ser estudiados en genética de poblaciones –su origen, su evolución, su desarrollo… Es un deber profundizar en estas diferencias. La gran familia ‘humana’.
La relación de cada unos de estos grupos humanos (o variedades) con los diferentes entornos geográficos, climáticos, vivientes (flora, fauna…). La conservación de estos subtipos del cariotipo humano es esencial. La diversidad y riqueza étnica y lingüístico-cultural de la especie humana es un legado que a todos los grupos humanos  pertenece.
*Hablando de reducionismo, de lo que se trata ahora (con Gould, Lewontin et al.) es de reducir las ciencias de la vida al marxismo, como otrora al judaísmo (el ‘génesis’ bíblico) o al cristianismo. En cualquier caso, conceptos claves en Lewontin y otros  (co-evolución organismos-entorno…) están claramente tomados de Vernadsky-Lovelock. ¿Qué mayor construcción del nicho que la transformación de la geología, clima, temperatura del planeta y demás tras la aparición de la vida? En este sentido Lewontin es un plagiario que no cita siquiera sus precedentes al respecto, nada que ver con la probada honestidad intelectual de Lynn Margulis (también judía), o Peter Westbroek (entre otros).
Recientemente encontramos entre algunos científicos judíos (biólogos, psicólogos, psiquiatras, sociólogos…) una reivindicación de Lamarck y la ‘herencia de caracteres adquiridos’ apoyándose en los avances en epigenética (vease Jablonka, Lamb, o Gissis&Jablonka, ‘Transformations of Lamarckism’, 2011). En ‘Epigenetic Transmission of Holocaust Trauma’ de Natan P.F. Kellermann, publicado en 2013, se nos habla incluso de una ‘transgeneracional transmisión de trauma’. Debería estar claro que tal ‘trauma’ se transmite vía cultural, y que son los judíos los más interesados en mantener viva, y no sólo entre su población, la memoria del discutido ‘holocausto’.  Pero, ¿cómo es posible que se puedan transmitir, vía genética (epigenética), experiencias personales psicológicas, y no se transmita la circuncisión, por ejemplo? Los niños judíos y musulmanes llevan miles de años sometiéndose a la circuncisión, y el nacimiento de niños judíos o musulmanes sin prepucio sería una prueba incontestable de la herencia de caracteres adquiridos, pero tal cosa, obviamente, no está sucediendo.
Hay muchas costumbres que tienen que ver con modificaciones del cuerpo (del fenotipo): la antigua deformación craneal en los aztecas; el alargamiento del cuello de las mujeres ‘padaung’ en Birmania; la ablación del clítoris en algunos lugares de África; las deformaciones de dientes, labios, narices, lóbulos de las orejas; las escarificaciones o tatuajes en la piel... Si la herencia de caracteres adquiridos fuera una realidad biológica ya hace tiempo que estas amputaciones o deformaciones deberían haber sido trasmitidas genética o epigenéticamente, pero tal cosa no ha sucedido. ¿Cómo es posible que se transmitan experiencias psicológicas de una generación a otra (en unos pocos años) y no se transmitan las transformaciones corporales que ciertos grupos humanos llevan realizándose tal vez desde hace miles de años? 
Se ve claramente que esta vergonzosa manipulación de la verdad por parte de los ‘científicos’ judíos tan solo pretende seguir manteniendo vivo el mito del holocausto (por intereses étnicos, políticos, sociales, económicos…) apoyándose ahora en dudosas interpretaciones del evolucionismo de Lamarck. Resulta perturbador que las ciencias de la vida tomen en consideración semejantes ‘ideas’.
Podemos imaginar el inquietante futuro de las ciencias de la vida en manos del etnocentrismo y del suprematismo judío (el pueblo elegido). Pronto comenzará la persecución pública de cualquier crítica de las ‘nueva biología’ (bastará con la acusación de anti-semitismo, de probado éxito).  
Tendremos una biología étnica (judía, etnocéntrica), ideológica, política (marxista)… Lo más curioso es que estas son las acusaciones que habitualmente se hace desde la filas judías a las tradiciones culturales (en amplio sentido) de los pueblos otros. Los pueblos blancos (el occidente europeo) se han visto fustigados por los intelectuales orgánicos del sionismo desde hace cientos de años. Marx supuso una renovación de las estrategias de ataque, ahora culturales, políticas, económicas, sociológicas… y finalmente científicas.
Ahora se habla de ciencia ilustrada (Lamarck), de ciencia capitalista, burguesa, o victoriana (Darwin), de ciencia proletaria (Lysenko y su lamarckismo)… Al heliocentrismo (Aristarco de Samos… Copérnico, Kepler, Newton…), pues, se le podría calificar de ciencia monárquica (recordemos al ‘rey sol’). ¿Y cómo calificaríamos políticamente la tabla periódica de Mendeleiev? Semejantes estupideces no merecen otra respuesta que la reducción al absurdo…
Los judíos (los intelectuales orgánicos del sionismo) llevan modificando el entorno cultural de los pueblos desde hace miles de años –en su propio beneficio. Esta modificación del hábitat cultural de los pueblos otros es una estrategia evolutiva; es la ‘construcción del nicho’ tal como la entiende el pueblo ‘elegido’.
Pueblos parásitos que alteran, que destruyen la herencia cultural de sus anfitriones en su propio beneficio.
Al diablo la verdad… Lo que importa es el poder, la supremacía económica, política, cultural…
*La negación del papel principal de la sustancia genética –‘No en nuestros genes’. El fenocentrismo se resiste. La fenomanía. ¿Por qué? ¿Por qué no se quiere reconocer el papel exclusivo, se diría, de los genes en la evolución? ¿Qué se teme?
Las motivaciones ideológicas y políticas (cuando no etnocéntricas, o al menos, sionistas) en la negación del papel primordial de la sustancia genética en todos los fenómenos biológicos.
La ridícula dialéctica marxista (de origen hegeliano) aplicada a las ciencias de la vida. El reduccionismo ideológico marxista se está imponiendo en nuestra comprensión de los fenómenos biológicos. La rejilla (la ‘grille’) marxista. Los grilletes. ¿Qué se pretende? ¿Qué se consigue?
No sé si hay política o ideología del lado del genocentrismo, pero lo que es innegable es que sí la hay del lado del fenocentrismo (el marxismo de Gould, Lewontin y otros).
Ahora se quiere una biología proletaria, o, como mínimo, democrática. Dado que la anterior era capitalista, o burguesa… Es el colmo de la estupidez.
Lo peor que le ha podido suceder a las ciencias de la vida es la intrusión de estos reventadores profesionales, de estos intelectuales orgánicos del sionismo marxista.
¿Qué se pretende? Introducir la discordia, la división y el enfrentamiento entre los biólogos; introducir la censura, la inquisición, la policía política… De un lado los ‘dialécticos’, del otro… A los biólogos no dialécticos (no marxistas) se les tildará de fascistas, reaccionarios, conservadores… se les arrinconará, se les hará la vida imposible. Ese es el futuro. Las ciencias de la vida dirán lo que quieran los sionistas (lo que es bueno para los ‘judíos’). No habrá verdad, ni ciencia, ni conocimiento… Será ‘1984’ cumplido, como cuando la cristianización, la islamización, o la bolchevización. Será el fin de las ciencias de la vida.
*Personajes insidiosos, particularmente Lewontin con su artículo (1997) acerca de la relevancia de la obra de Dobzhansky (Genetics and the origin of species). Insidioso, e ingrato, toda vez que él mismo fue discípulo de Dobzhansky; injusto también, el artículo podría haber tenido otro título, al menos; y superfluo, porque es como preguntarse, en el campo de la física de partículas, por ejemplo, si la obra de Bohr, o Rutherford es aún relevante. Ni el menor respeto por el que fue su maestro. Podemos compararlo con Francisco Ayala, también discípulo de Dobzhansky, y sus varios artículos in memoriam de éste (he podido encontrar tres: 1976, 1985, 2000). 
El año 2001 se publicó un segundo volumen de ensayos dedicado a Richard Lewontin (Thinking about Evolution: Historical, Philosophical and Political Persectives).  Maynard Smith publicó una recensión del mismo (Reconciling Marx and Darwin, 2001) en la que hacía las siguientes observaciones (entre otras):
“A theme which arises repeatedly in these essays is the conflict between ‘‘neo-Darwinism’’—the interpretation of Darwin’s ideas in terms of population genetics—and Marxist philosophy… …The idea of a gene that influences development, but is itself unaltered, is undialectical… …This dialectical view has led many of those who have been influenced by Marxism to reject the idea that genes play a special role in evolution, and to be critical of the ‘‘gene-centered’’ approach pioneered by Hamilton, Williams, Dawkins, (and others)… …It is a curious feature of this book that there is, I believe, no reference to the central dogma, or to Watson or Crick. The dogma is perhaps the only statement in biology that is at the same time general, important, and—so far as we know—true… …To sum up, I think this book illustrates the fact that dialectical materialism is antipathetic to the notion of genes that influence development but are uninfluenced by it.”
“Un tema que surge repetidamente en estos ensayos es el conflicto entre el "neo darwinismo" –la interpretación de las ideas de Darwin en términos de genética poblacional– y la filosofía marxista… …La idea de un gen que influye en el desarrollo, pero no se altera, es no-dialéctica…  …Esta visión dialéctica ha llevado a muchos de los que han sido influenciados por el marxismo a rechazar la idea de que los genes desempeñan un papel especial en la evolución y a criticar el enfoque "centrado en el gen" iniciado por Hamilton, Williams, Dawkins (y otros)... …Una curiosa característica de este libro es que no hay, creo yo, ninguna referencia al dogma central, o a Watson o Crick. El dogma es quizás la única afirmación en biología que es al mismo tiempo general, importante y, hasta donde sabemos, verdadera… …Para resumir, pienso que este libro ilustra el hecho de que el materialismo dialéctico es ‘antipathetic’ (opuesto, hostil, o antagónico) a la noción de los genes que influyen en el desarrollo, pero que no son influenciados por éste…”
El artículo de Maynard Smith no deja lugar a dudas de que aquí ya no hay ciencia, sino ideología; que ya no hay voluntad de conocimiento y de verdad, sino de poder.
Añadamos estas palabras de Erik I. Svensson, On reciprocal causation in the evolutionary process. 2017 (p. 18):The idea that genes are unaffected by environments and that the germ line is separated from the soma may seem undialectical, but it is a fact of life. Strong evidence would be required for any claims –made by EES proponents or others–  that the Weismannian germline-soma separation is not valid anymore, that the so-called “Central Dogma” of molecular genetics does not hold up (Maynard Smith 1988; 2001) or that soft inheritance plays a major role in evolution (Haig 2007; Dickins and Rahman 2012).”

“La idea de que los genes no se ven afectados por los entornos y que la línea germinal está separada del soma puede parecer no dialéctica, pero es un hecho de la vida. Se necesitarán pruebas contundentes para cualquier afirmación, hecha por los defensores del EES u otros, de que la separación línea germinal-soma de Weismann ya no es válida, que el así llamado "Dogma central" de la genética molecular no se sostiene (Maynard Smith 1988, 2001), o que la herencia blanda juega un papel importante en la evolución (Haig 2007; Dickins y Rahman 2012).”
Ahora se trata de juzgar (políticamente) todas las ramas de las ciencias de la vida a través de los axiomas o premisas (cualesquiera éstas sean) del materialismo dialéctico, y de reducirlas a éste. A lo que no coincida se le considerará como pensamiento conservador, reaccionario, o de ‘derecha’ (ya se está haciendo). Pronto veremos cómo se califica de fascistas a los partidarios de la evolución centrada en los genes (en la sustancia genética, mejor).
En estos últimos años estamos siendo testigos de la estrategia de poder (y de la toma de poder) seguida por el sionismo marxista en las ciencias de la vida. Lo tenemos en los medios de comunicación, en las cátedras, en los libros de texto… Omnipresentes.
Triunfa Lamarck, Lysenko, el materialismo dialéctico; cae Darwin, Mendel, Morgan, Vavilov, Dobzhansky…, y el propio Haldane, marxista él, que tanto contribuyo al neodarwinismo, ha caído en desgracia. Cae finalmente la ciencia burguesa, triunfa la ciencia proletaria.
Vavilov, mártir de la verdad genética. La verdad genética arruina al materialismo dialéctico, como la evolución arruinaba a los creacionistas judíos, cristianos y musulmanes. 
*Levins&Lewontin, en el mismo prólogo del ‘biólogo dialéctico’ dicen que el materialismo  y el cambio implícitos en la evolución de Darwin son dialécticos, pero que la adaptación no lo es (es ‘cartesiana’). Al no ser dialéctica hay que descartarla. Se ve cómo prevalece la ideología sobre la ciencia, el conocimiento, o la verdad. Lo que coincida con el materialismo dialéctico pasará la prueba, contará con el ‘nihil obstat’ de los censores de turno, lo que no coincida será descartado, boicoteado, o prohibido. Los científicos que no den muestras en sus teorías o puntos de vista de suficiente marxismo serán entonces acusados, insultados, silenciados, y perseguidos.
En el materialismo dialéctico, como en otras ideologías (religiosas o políticas), la censura o aprobación nada tiene que ver con la ciencia de que se trate. Esto no sólo tiene consecuencias para el conocimiento, muchos hombres y mujeres de ciencia pagan las consecuencias de semejante control ideológico de las disciplinas del saber.
La aportación del marxismo a las ciencias de la vida: ruido, confusión.
El materialismo dialéctico en las ciencias, que cada vez tiene más fuerza, es la nueva inquisición –como lo fue no hace muchos años en la URSS. La crítica a Lysenko y al lysenkoismo que encontramos en Gould o Lewontin no debe confundirnos.  Es el ‘diamat’ en acción.
La adaptación no es dialéctica, el gen no es dialéctico, así pues…
El disimulo de los marxistas; las tácticas, la estrategia…
Los desastres del ‘diamat’ en la URSS, son los errores que se advierten en los biólogos dialécticos de hoy. La represión vendrá…
Enemigo del pueblo, enemigo de clase… enemigo del ‘diamat’… burgués, idealista, mecanicista, reduccionista, reaccionario, fascista… Estos son los apelativos que los marxistas prodigan a los no marxistas. Llevan más de un siglo haciéndolo. Debemos acostumbrarnos a ellos.
“We shall go to the pyre, we shall burn, but we shall not retreat from our convictions.”  Nikolai Vavilov, 1939.
El ‘diamat’, hostil (anti-pathetic) a la verdad.
Una biología marxista resulta tan estúpida, delirante y peligrosa como una biología cristiana, judía, musulmana, budista, hinduista… democrática…
Las ciencias de la vida no necesitan de ninguna ideología (religiosa o política) para llevar a cabo su cometido. Se bastan a sí mismas.
Estas ideologías quieren apropiarse o destruir el mensaje que las ciencias de la vida vienen a traernos. Manipular, distorsionar, podar… los ‘lechos de Procrustes’.
Lo que, en las ciencias de la vida, no coincida con la dialéctica materialista debe desaparecer, simplemente. Éste es el cometido de los ‘biólogos’ dialécticos, de los intelectuales orgánicos del sionismo marxista.
*Los biólogos judíos se promocionan a sí mismos (a los suyos). Adviértase esto en los textos de Gould, Rose, Levins, Lewontin, Jablonka… Como reivindican y recuperan a los suyos. Reescribir la historia de las ciencias de la vida. Las tendencias y los autores que no les vengan bien a los judíos serán difamados, ridiculizados, caricaturizados… Los antecedentes no judíos de las tesis defendidas por los judíos serán ocultados, silenciados. Los otros, los no judíos, desaparecerán de los libros y manuales.
El espíritu de cuerpo judío, su ‘eterna’ estrategia evolutiva. La negación del otro. En último término, les gustaría vernos a todos arrodillados a los pies de los suyos (Marx, Freud, Boas…).
Vernadsky no era judío, pero era soviético, bolchevique, marxista… Esto, al parecer, le salva. Pero basta leer la biografía de Vernadsky para advertir que poco o nada tenía que ver con los soviets o marxistas. Los padeció, como la población rusa en general.
Sucede igual en filosofía con los autores judíos –Derrida, Lévinas… También ellos potencian o promocionan a los suyos (a Marx y a Freud principalmente), se promocionan entre sí. Es la misma estrategia evolutiva de grupo.
En todos los campos de saber, incluso en las ciencias de la vida, hay que introducir a Marx o a Freud. Darwin es nada… La antropología darwiniana, la sociobiología, o la psicología evolucionaría son censuradas porque no les interesa, porque no son marxistas o freudianas, porque ponen en evidencia su estrategia evolutiva de poder –su suprematismo.
En resumidas cuentas, la guerra de los judíos por la supremacía (étnica, cultural, política…) se ha introducido en las ciencias de la vida (que se encontraba parcialmente libre de ellos). Desde Gould, Lewontin, Levins, Rose, Kamin… desde los años setenta del pasado siglo. Su arma predilecta es el materialismo dialéctico, aunque también hacen uso del psicoanálisis. Veamos como los biólogos gentiles salen airosos de esta prueba. Y por biólogos gentiles no me refiero tan sólo a los occidentales.
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Hasta la próxima,
Manu