El juicio a Geert Wilders.
Manu Rodríguez. Desde Europa. (20/01/10)
*
*El juicio que se sostiene contra Geert Wilders en nuestra Europa, aquí, en nuestra casa, es un juicio contra nuestra cultura, sin más. Es un juicio contra nuestro ser cultural, contra nuestra diferencia en el mundo, contra el genio europeo. Es un juicio contra nosotros mismos.
Está claro que el islam ha venido a Europa a torcer nuestra historia, a incidir en nuestro destino, a modificar nuestras tradiciones, a desfigurarnos, a deformarnos, a desvirtuarnos; a destruir nuestro ser cultural, en último término. Y está claro que desde la entrada del islam en Europa nuestra libertad (nuestras tradiciones políticas, jurídicas, sociales...) no ha conocido sino restricciones, y amenazas. La respuesta del islam a nuestra libertad (a nuestra manera de vivir) es la muerte.
Son nuestras leyes, nuestras tradiciones jurídicas y políticas, las que están siendo juzgadas. Se trata también de ir modificando poco a poco esas leyes. De ir introduciendo las correcciones pertinentes de manera que la crítica o censura al islam sean poco menos que imposibles.
Recordémonos que si no hubiéramos luchado contra restricciones de la libertad semejantes a los que pretende imponernos el islam, no hubiéramos alcanzado el nivel político, cultural, y social que hoy gozamos.
Es justamente esta libertad la que nos permite decir con claridad dónde vemos el peligro, o la amenaza, para esa misma libertad. Si perdemos esta libertad, o restringimos su alcance, perderemos lo conseguido, retrocederemos más atrás incluso que del Antiguo Régimen, iremos a parar de nuevo a la Edad media. Perderemos siglos de evolución cultural, política, y social, y la vida esforzada de millones de europeos que nos precedieron no habrá servido para nada.
Este juicio denota hasta qué punto son desvergonzados estos musulmanes cuestionando en nuestro propio hogar nuestra manera de vivir, discutiendo en la patria de la libertad esa misma libertad. Pretendiendo poner coto y limitaciones; limitándonos. El huésped le echa un pulso al anfitrión. Están en juego las tradiciones de la casa. Permitimos, concedemos. Ésta es la respuesta que recibimos. Huéspedes indeseables. Ésta es la gente con la que hemos tropezado.
Se ha puesto de relieve, además, nuestra debilidad y confusión, nuestra falta de claridad, de coraje moral, de firmeza, en lo que a la defensa de nuestras tradiciones respecta.
Son los signos de estos tiempos.
Terrible suceso, pues, es este juicio para Europa. Es un ataque a nuestras instituciones, a nuestro modo de vivir. Se ataca algo que nosotros los europeos deberíamos tener como sagrado, y que costó a nuestros antepasados (no deberíamos olvidarlo) sangre, sudor, y lágrimas.
¿Cómo terminará un juicio que no tendría ni siquiera que haberse celebrado? ¿Cuál será su alcance? ¿Saldrán perjudicadas nuestras libertades? La más mínima cosa que consigan será una derrota para nosotros los europeos. Otro torpedo, otra brecha. Otra puerta que se les abre. La derrota de Wilders será la derrota de Europa, la derrota de la Europa europea.
Nuestra libertad está emparentada con la verdad. Pérdida de libertad es pérdida de verdad en nuestras vidas. No es sólo una lucha por la libertad, sino por la verdad también, por la luz. Se trata de nuestra libertad, de nuestra verdad, de nuestra luz; que están siendo cuestionadas por gente venida de fuera en nuestro propio hogar.
Gente venida de fuera quiere modificar (por las buenas o por las malas) nuestra manera de vivir; determinar nuestras vidas, acotarlas a su antojo. Que nos adaptemos a su norma, a su ley. Es insólito lo que nos sucede. ¿Cómo toleramos? ¿Cómo aguantamos? ¿Por qué? ¿En nombre de qué o quién? ¿Cómo no respondemos de la debida forma a sus pretensiones, a sus amenazas, y a su violencia?
¡Ay, europeos! Despertad, despabilad. Es tarde ya. El tiempo apremia. Daos prisa.
Manu Rodríguez. Desde Europa. (20/01/10)
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*El juicio que se sostiene contra Geert Wilders en nuestra Europa, aquí, en nuestra casa, es un juicio contra nuestra cultura, sin más. Es un juicio contra nuestro ser cultural, contra nuestra diferencia en el mundo, contra el genio europeo. Es un juicio contra nosotros mismos.
Está claro que el islam ha venido a Europa a torcer nuestra historia, a incidir en nuestro destino, a modificar nuestras tradiciones, a desfigurarnos, a deformarnos, a desvirtuarnos; a destruir nuestro ser cultural, en último término. Y está claro que desde la entrada del islam en Europa nuestra libertad (nuestras tradiciones políticas, jurídicas, sociales...) no ha conocido sino restricciones, y amenazas. La respuesta del islam a nuestra libertad (a nuestra manera de vivir) es la muerte.
Son nuestras leyes, nuestras tradiciones jurídicas y políticas, las que están siendo juzgadas. Se trata también de ir modificando poco a poco esas leyes. De ir introduciendo las correcciones pertinentes de manera que la crítica o censura al islam sean poco menos que imposibles.
Recordémonos que si no hubiéramos luchado contra restricciones de la libertad semejantes a los que pretende imponernos el islam, no hubiéramos alcanzado el nivel político, cultural, y social que hoy gozamos.
Es justamente esta libertad la que nos permite decir con claridad dónde vemos el peligro, o la amenaza, para esa misma libertad. Si perdemos esta libertad, o restringimos su alcance, perderemos lo conseguido, retrocederemos más atrás incluso que del Antiguo Régimen, iremos a parar de nuevo a la Edad media. Perderemos siglos de evolución cultural, política, y social, y la vida esforzada de millones de europeos que nos precedieron no habrá servido para nada.
Este juicio denota hasta qué punto son desvergonzados estos musulmanes cuestionando en nuestro propio hogar nuestra manera de vivir, discutiendo en la patria de la libertad esa misma libertad. Pretendiendo poner coto y limitaciones; limitándonos. El huésped le echa un pulso al anfitrión. Están en juego las tradiciones de la casa. Permitimos, concedemos. Ésta es la respuesta que recibimos. Huéspedes indeseables. Ésta es la gente con la que hemos tropezado.
Se ha puesto de relieve, además, nuestra debilidad y confusión, nuestra falta de claridad, de coraje moral, de firmeza, en lo que a la defensa de nuestras tradiciones respecta.
Son los signos de estos tiempos.
Terrible suceso, pues, es este juicio para Europa. Es un ataque a nuestras instituciones, a nuestro modo de vivir. Se ataca algo que nosotros los europeos deberíamos tener como sagrado, y que costó a nuestros antepasados (no deberíamos olvidarlo) sangre, sudor, y lágrimas.
¿Cómo terminará un juicio que no tendría ni siquiera que haberse celebrado? ¿Cuál será su alcance? ¿Saldrán perjudicadas nuestras libertades? La más mínima cosa que consigan será una derrota para nosotros los europeos. Otro torpedo, otra brecha. Otra puerta que se les abre. La derrota de Wilders será la derrota de Europa, la derrota de la Europa europea.
Nuestra libertad está emparentada con la verdad. Pérdida de libertad es pérdida de verdad en nuestras vidas. No es sólo una lucha por la libertad, sino por la verdad también, por la luz. Se trata de nuestra libertad, de nuestra verdad, de nuestra luz; que están siendo cuestionadas por gente venida de fuera en nuestro propio hogar.
Gente venida de fuera quiere modificar (por las buenas o por las malas) nuestra manera de vivir; determinar nuestras vidas, acotarlas a su antojo. Que nos adaptemos a su norma, a su ley. Es insólito lo que nos sucede. ¿Cómo toleramos? ¿Cómo aguantamos? ¿Por qué? ¿En nombre de qué o quién? ¿Cómo no respondemos de la debida forma a sus pretensiones, a sus amenazas, y a su violencia?
¡Ay, europeos! Despertad, despabilad. Es tarde ya. El tiempo apremia. Daos prisa.
A los musulmanes que pretendan intervenir en este blog:
ResponderEliminarNo hay nada que dialogar con el enemigo; al enemigo se le vence, se le derrota, se le aniquila. Este blog está pensado para compartir con los míos, los buenos europeos, y para promover la resistencia europea al islamofascismo.
El islam es comparable al nazismo. No hay otro fascismo que en estos momentos nos amenace. Un musulmán no puede ser más que un canalla, o un idiota, o ambas cosas. Es norma de supervivencia no fiarse de un musulmán. Falsos, mixtificadores, usurpadores, arrogantes, ignorantes, violentos, intolerantes… absurdos. Ya me pregunté en una de los trabajos el ‘cómo se puede ser musulmán’. Sí, ¿cómo alguien puede ser seguidor de un monstruo como Mahoma? ¿Quién puede identificarse con un monstruo semejante?
No sé si estoy hablando con un español converso o con un musulmán extranjero que en virtud de las estúpidas leyes que nos gobiernan ha accedido a la nacionalidad española o francesa (y europea). En ambos casos nada tenéis que ver con Europa. Los musulmanes que aquí nacen no nacen en Europa sino en el islam. Pues el islam es la patria de los musulmanes. Esto, si sois coherentes, y no hipócritas y ladinos como soléis.
Ideologías como la vuestra me producen asco, pura y simplemente. Y he empleado mi vida para combatirlas intelectual, espiritual, y conceptualmente. Si hubiera un mínimo de honestidad espiritual en el área de dominio del islam ya se habrían superado, así como nosotros los europeos superamos el también tenebroso cristianismo. La tradición judeo-cristiano-musulmana es la pesadilla del mundo. Han destruido innumerables culturas en nombre de un dios propio de mentirosos, ladrones, y asesinos, y no de hombres amantes del bien y de la verdad. Vosotros sois las tinieblas en el mundo; lo tenebroso, lo siniestro, lo hostil; la miseria y la muerte. Y lo seréis hasta el final.
Con vuestra mera presencia mancilláis Europa, nuestra tierra sagrada; y aún este mismo blog, que mantendré puro y al que nunca tendréis acceso.
Manu Rodríguez
Un saludo a todos compañeros. Que alegria encontrarme con estos blogs y ver que no todo el mundo está dormido.
ResponderEliminarMuchas gracias por defender a Wilders, quien ha sido tan duramente atacado por anti-europeos como el primer ministro britanico , que solo buscan su propio interes y aplastan nuestros valores..