Sobre el nuevo período genocéntrico


El camino que abrió Darwin nos ha conducido a la sustancia genética (al ADN). Este descubrimiento nos hace pasar (a todos los grupos humanos) del fenocentrismo al genocentrismo. El centro se ha desplazado de la criatura al creador (de los fenotipos a los genotipos). La sustancia genética es la única sustancia viviente (‘viva’) en este planeta. Nosotros, pues, no podemos ser sino sustancia genética. Esta ‘revelación’ (esta
auto-gnosis) ha partido en dos nuestra historia sobre la tierra. Todo el pasado cultural de los humanos ha resultado arruinado, vacío, nulo... La ilusión antropocéntrica que nos ha acompañado durante miles de años se ha desvanecido. Se ha producido una mutación simbólica (en orden al conocimiento y a la conciencia de sí como sustancia viviente única); el cariotipo humano entra en un nuevo período de su devenir.

Esta aurora, este nuevo día cuyo comienzo presenciamos, alcanzará en su momento a todos los pueblos de la tierra. Pueblos, culturas, tradiciones, creencias… todo lo ‘humano’ desaparecerá. Viene una luz (un saber, una sabiduría) tan devastadora como regeneradora. Esta regeneración del cariotipo humano en el orden simbólico tendrá sus consecuencias. En un futuro no muy lejano hablaremos, pensaremos, y actuaremos, no como humanos sino como sustancia viviente única.

No hay filósofos aún, ni poetas, ni músicos, ni científicos… para este período genocéntrico que inauguramos. No hay nada aún para las nuevas criaturas, para la sustancia viviente única –en
esta nueva fase de su devenir. Nos queda la elaboración de una cultura, de un ‘mundo’ nuevo (digno de la naturaleza de nuestro regenerado, de nuestro recuperado ser). Queda todo por hacer.

lunes, 6 de marzo de 2017

147) Fuera de circulación


La verdad y la vida puestas fuera de circulación.


Manu Rodríguez.  Desde Gaiia (06/03/17).


*


*Estamos viendo estos días que abogar por la sexualidad natural, la de hombres y mujeres, la de varones y hembras… la sexualidad reproductiva, trae malas consecuencias, se corre el peligro de que le pongan a uno fuera de circulación (como le ha sucedido al autobús en el aparecían slogans pro-sexualidad natural). A tal defensa se le acusa de menospreciar o despreciar a los colectivos de lesbianas, homosexuales, transexuales y demás.
Al tiempo que tal defensa de la sexualidad natural  era denostada y censurada por todos nuestros serviles políticos e ‘intelectuales’, nuestros telediarios daban noticias de escuelas de ‘drag-queen’, para niños, en Canarias. Lo malo, lo ‘indigno’, lo grotesco y patético, lo censurable… no está en la existencia de tales escuelas, por ejemplo, sino en abogar públicamente por la sexualidad natural. Es el mundo al revés. Es un signo de los tiempos que vivimos.
Cuestionando la sexualidad natural, no se cuestiona la cultura, ciertas tradiciones o ciertas prácticas, siempre relativas, sino la naturaleza misma, el sentido (reproductivo, pro-vida) que tiene la naturaleza sexual de cada cual; el sentido mismo de nuestro sexo –el sexo con el que hemos nacido.
Es la vida, la verdad, el ser… lo que se aparta de la circulación, lo que se esconde, se oculta, o se margina. No puedes abogar por la sexualidad natural, la que coadyuva a la vida. Se te tacha públicamente de reaccionario, de carca, de fascista… se te llena de insultos. Se te penaliza; se te prohíbe, incluso. No hay libertad de expresión para tales discursos. O están prohibidos, o no son políticamente correctos (no son del gusto del ‘amo’).
Schopenhauer y Darwin para nada. La metafísica del amor, para ambos, radicaba en la reproducción. El goce, el plus que ‘natura’ añade al acto reproductivo, se convierte en la finalidad de las relaciones ‘sexuales’.
Cuando no se tiene otra finalidad que el placer no se debería hablar de sexo, o de sexualidad, sino de erotismo, de placer; de hedonismo, de sensualidad, de pura búsqueda del placer. Podríamos decir que no hay otra sexualidad que la reproductiva; que el mismo concepto ‘sexualidad reproductiva’ resulta redundante.
Para obtener placer cualquier ‘cuerpo’ basta. Esto parece. Hombres, mujeres, niños… e incluso otras especies (perros, cerdos, asnos…). Es el no va más de la cosificación. La conversión de los seres vivos en meros objetos de placer. Los órganos reproductivos son ahora meros órganos de placer. Lo que importa es el placer –y el objeto de placer (la ‘libre’ elección del objeto de placer).
Los callejones sin salida para la vida se imponen sobre la sexualidad natural, la sexualidad reproductiva –sin la cual la misma vida se extinguiría. Se nos está imponiendo (¿quién; desde dónde?) una sociedad o civilización aberrante, perversa, repugnante… Se ensalza lo contrario a la vida, los caminos sin salida para la vida –en el nombre del progreso. Se trata del progreso, ciertamente, pero del progreso (del avance, del triunfo) de lo malo, lo perverso, lo repugnante, lo decadente…; de las fuerzas nocivas para la vida.
La pública apología y defensa de las vías no reproductivas (autoeróticas, homoeróticas), de la transexualidad, el aborto… Caminos malos, caminos contra-natura, contra la consecución de la vida. Vías sin salida. Trampas mortales para la misma vida.
Es, una vez más, la tiranía de la cultura (ideologías, creencias religiosas, políticas, sociológicas…) sobre la naturaleza. Los enemigos de la vida se imponen. Triunfa la muerte, el no-ser, la mentira… La vida ciega, inconsciente, autodestructiva triunfa una y otra vez sobre la vida previsora, consciente, constructiva.
La desconsideración o el menosprecio de la vida emergente que encontramos en la práctica del aborto (libre, no eugenésico) denotan bien a las claras el carácter tanático de nuestra civilización. No hay contradicción entre el aborto y la desforestación o el uso bélico de la energía atómica. Son formas de vida coherentes y solidarias entre sí. En ningún caso se piensa en la vida –en lo que es bueno para la vida.
Sociedad absurda, incongruente. Las masas sociales movidas, llevadas y traídas (la opinión pública), alienadas… adoctrinadas, sometidas a un constante condicionamiento operante (mediante la educación, los mass media… la completa cultura de masas). Los mismos que marchan contra las guerras o el maltrato animal, abogan por el aborto libre (y gratuito, a ser posible).
Todos los partidarios del aborto no eugenésico, o de la sexualidad no reproductiva, nada hacen, en verdad, por la vida. Forman parte (lo sepan o no lo sepan, lo reconozcan o no) de las fuerzas autodestructivas de la vida (de las fuerzas del ‘mal’).
*Tener sexo, como se dice, es el mayor grado de intimidad que cabe entre hombre y mujer. Cerca, muy cerca de la generación, de la vida. Incita al amor.
Minimizar la importancia de la sexualidad reproductiva, o desviar de su camino hacia las fuentes del placer. Esto es lo que hacen las fuerzas nocivas para la vida.
La sexualidad reproductiva es la que debe enseñarse en nuestras escuelas. El sentido de los sexos. Su finalidad. Su verdad. Nuestros niños y adolescentes deben ser conscientes de la finalidad reproductiva de nuestra sexualidad. No el erotismo, no el placer es el destino de nuestros órganos reproductivos –nuestros órganos para la unión, para la generación.
En toda cópula heterosexual (con finalidad reproductiva o no) subyace la voluntad de cariogamia, de la unión de las células sexuales de ambos sexos; la voluntad de generación, de creación. Es la sustancia viviente única la que mueve sus cuerpos sexuados, los hace entrechocar buscando la cópula, el tránsito de un cuerpo a otro, la unión… la generación. Es el camino de la vida. Amándose y generando vida es como se eterna el plasma germinal, la sustancia genética, la sustancia viviente única –Nos: Genouss y Genoussin.
*
Hasta la próxima,
Manu

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